Acabamos de empezar una asignatura sobre discurso escrito en el máster que estoy cursando. Hace ya bastante tuve que dar clases a una persona que no estaba alfabetizada en su L1. Fue en ese momento en el que tomé consciencia de lo mediado que está nuestro mundo por la escritura. Es cierto que la enseñanza no puede concebirse sin la palabra dicha, como dice A. Tusón, pero, desde luego, en nuestra sociedad es también impensable sin la palabra escrita. Todo es discurso escrito a nuestro alrededor en el aula de ELE. La letra impresa es el instrumento clave y, sin embargo, muy difícilmente se reflexiona-aprende-enseña explícitamente sobre él. Quizá esta sea la causa de que, a pesar de esta omnipresencia, sea muy difícil encontrar escritores verdaderamente competentes en una lengua extranjera (no estoy incluyendo aquí a traductores o filólogos o, al menos, no a todos). Bueno, siempre hay un Conrad o un Nabokov ante los que quitarse el sombrero… Aunque últimamente me rondan ciertas preguntas por debajo del susodicho:

- ¿Quizá tenemos un modelo de dominio basado en nuestra experiencia como hablantes nativos que no es aplicable al aprendizaje de una lengua extranjera?

- ¿Qué tipo de textos querrá o necesitará escribir alguien que aprende español? ¿Cómo “de bien” tendrán que escribir estos textos y por qué?

A veces pienso que las clases de lenguas podrían diseñarse de otra forma. El trabajo de la expresión escrita debería graduarse en función de nuestros alumnos. Puede no tratarse en absoluto más allá de como herramienta para poder llevar a cabo la clase. O puede configurarse como objetivo básico del curso o de una parte del mismo cuando, por ejemplo, estamos ante un grupo de alumnos que tienen que dominar la escritura de trabajos académicos o que tienen que saber cómo rellenar un formulario de la Seguridad Social. Pero siempre en función de nuestros alumnos y con el tipo de texto que tenemos que trabajar y sus características en mente. No porque tengamos que enseñar las cuatro destrezas porque sí, sin más, porque la lengua se reduce a ellas. Lo importante no es hacer que nuestros alumnos escriban, sino enseñarles a escribir, si es que eso es lo que ellos necesitan.

Bueno, de momento estos son mis pensamientos sobre el tema. No garantizo que mañana siga estando de acuerdo conmigo misma.




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